Yo siempre he
hablado con las plantas, no me preocupa en lo más mínimo lo que piensen los
demás. Las mejores conversaciones, las he tenido con ellas. He pasado tardes
enteras, mate de por medio, entre risas y anécdotas. Debo aclararles que nunca
maltrate a ninguna, siempre han sido plantas criadas en cautiverio. No soy uno
de esos delincuentes que cortan flores para regalársela a la novia, o sacan
yuyos para alguna medicina artesanal. No señor, yo las compro, las planto en
una maceta y les doy un espacio en mi balcón, un lugar especial para cada una.
Entre mi colección, mejor dicho, entre mi familia, cuento con especies tales
como Geranios, Verbena, Margarita, Begonia, Caléndula, Lobelia y un único
Clavel, el Clavel del poeta, todas cuidadas con los recaudos que se merecen. No
crean que digo esto para que piensen que soy una buena persona, para
justificarme por lo que pasó, esa sería una bajeza de mi parte, algo a lo que
no estoy acostumbrado.
Les aseguro que
nada me gustaría más, que ver a mis chicas en su hábitat natural, estoy seguro
que serían un regalo para la tierra, pero no puedo confiar a mis hermosas
criaturas a lugares como esos. Dios me libre de tener que devolverlas algún
día. Ellas no están acostumbradas, no son salvajes… Además, ustedes habrán
visto lo mal cuidados que están los espacios verdes. Plazas enjauladas y
prisioneras de sus propios límites, lugares húmedos rodeados de olor a óxido y
madera. O peor aún, árboles incrustados en medio de las veredas, raíces que tratan
de escapar por entre las baldosas. Todo eso me causa repugnancia, es horrible,
inhumano… Nadie puede pensar en dejar a estos seres indefensos a la intemperie,
sin un techo que los proteja, aunque sea mínimo, como el de mi balcón. Menos
todavía con los cambios climáticos que hay, ni en eso se puede confiar. Cuando yo
era chico, en verano hacia calor y en invierno hacia frío, ahora nadie sabe que
puede pasar.
Creo que ha quedado
clara mi postura ante la sociedad, ante nuestros compatriotas del reino
vegetal, es por eso que me han caído muy mal ciertos comentarios injustos que
pude escuchar. Vecinos que sólo se preocupan por sus cabezas, sin comprender la
importancia de lo sucedido. Gente que piensan que se trata de un descuido, que
me acusan de no haber tomado las precauciones necesarias. Pero, ¿qué puedo
decirles a estas personas?... La verdad nada, no lo entenderían.
Presten atención,
porque lo que ha ocurrido es un hecho inédito, una situación que puede resultar
fundamental con vistas a un gran y mejor futuro…
Dentro de mis
actividades cotidianas, todas las mañanas después de regar las plantas, llevo
el diario al balcón y me siento junto a ellas para leerles las últimas
noticias. Es muy común que comentemos las cosas que pasan o discutamos sobre los
diferentes temas que nos preocupan… Hace dos días, tras explicarles que las
plantas nucleares no son una especie de superhéroe vegetal, tuve que
interrumpir la charla para bajar a comprar más tierra, por la tarde me llegaban
unos nuevos ejemplares, muy exóticos, y no quería que faltara nada. Camine una
cuadra en dirección al negocio, cuando me di cuenta que me había olvidado la
billetera y debí regresar.
Al entrar en el
departamento, escuche sus voces, era evidente que mantenían algún tipo de
conversación. Sin hacer mucho ruido, me acerqué a la ventana, quería saber
sobre que hablaban en mi ausencia. Con cierto asombro y mucho temor, presencié,
sin ser visto, el más horrible discurso que un amante de las plantas pudo haber
escuchado jamás. La muy turra del Clavel del poeta, la supuestamente menos
problemática y dedicada a fomentar odas al sol del mediodía, a disfrutar del
agua de las regaderas y de los ruidos incesantes, ensordecedores y dulces de
los autos en la avenida, trataba de incitar a las demás. Con movimientos de las
ramas, más duros que el viento y más torpes que los vuelos de las moscas,
realizaba un discurso lleno de odio, aunque debo reconocer, con las ganas de
movilizar a las más profundas raíces…
-¡No debemos
dejarnos arrastrar por seres que sólo quieren nuestra belleza! Estamos condenas
al exilio, a morir en las peores condiciones que puede otorgarnos un tres
ambientes con vista a la calle -dijo el Clavel.
-No creo que sea
tan así… Además, ninguna de nosotras ha conocido jamás la libertad… Nacimos,
crecimos y moriremos en cautiverio… -contestó la Lobelia.
-¡Me resisto a
creer que todo sea tan fácil para nuestros captores! ¡Debemos reaccionar!
-retomó su discurso el Clavel- ¿Nunca nadie soñó con disfrutar el aire libre,
con descansar sobre el pasto, con jugar con los insectos, con…?
-¿Con ser comidas
por las vacas? -interrumpió la Begonia- Acá estamos bien, hasta podría decirse
que estamos como en casa. Allá afuera es muy peligroso, cada vez es peor… Lo
vemos todos los días en los diarios. Incendios, inundaciones, terremotos… Para
mí, todo eso es una señal…
-En todo caso nos
están protegiendo. No nos olvidemos que estamos rodeadas de una estructura
sólida, que nos evita una muerte trágica y prematura… Acá vivimos mucho mejor y
por más tiempo que si estuviéramos, por ejemplo, en un parque -completó la Caléndula.
-No estoy de
acuerdo. No podemos estar seguras de algo que nunca vivimos, son sólo
suposiciones -volvió a intervenir el Clavel.
-Suposiciones o no,
da lo mismo. Esta es la vida de reinas que necesitamos. Una persona que nos
cuida, nos riega y nos cura cuando hace falta… Encima nos habla y nos trata
como si fuéramos familia -respondió la Verbena.
-¿Se acuerdan como
lloró cuando murió la enredadera? Estuvo toda la tarde sacando los pedazos secos
y limpiando la zona. Ese fue un día muy triste para todos -recordó el Geranio.
-Siempre se comportó
como un padre -acotó la Begonia.
-A mí no me importa
si somos familia o parientes lejanos, voy hacer todo lo posible por escapar.
Que cada una haga con sus hojas lo que quiera… No tolero más estar estancada en
esta tierra, odio el plato con agua que tengo debajo de la maceta, es lo más
humillante que hay… ¡Quiero tomar de la lluvia, quiero sentir cerca a los
animales, la adrenalina de no saber que va a pasar!… -el Clavel parecía crecer
al decirlo, sus tallos sobresalían cada vez más.
-A nosotras no nos
comprometas -la Lobelia giró para mirar a las demás.
Casi
todas las plantas comenzaron a gritar en apoyo a esta última frase. El Clavel
miró su plato sin dejar de suspirar.
-Date
cuenta, esta es nuestra vida y así va a quedar -le explicó la Begonia queriendo
terminar la discusión.
-No las entiendo… Somos almas de naturaleza
libre, está en nuestra savia. ¿Cómo pueden darle la espalda a nuestra historia,
a nuestras hermanas que pueblan la tierra en búsqueda de un mundo más hermoso,
con más color? -dijo el Clavel, esta vez con una voz más apagada.
-Si
es tan importante para vos, yo te voy a ayudara escapar -le dijo la Margarita
que estaba a su lado-. Existe una única forma de salir… ¿Te interesa?
-Sí,
no quiero pasar un segundo más acá. Es evidente que este no es mi lugar.
-Perfecto,
escuchame y hace exactamente lo que te diga.
-…
-¿Qué
pasa?
-Es
que no entiendo… ¿Por qué me ayudas?
-Como
vos decís, esta claro que este no es tu lugar… No sólo lo hago por vos, también
lo hago por las demás…
-Gracias…
-Ok,
ahora prestame atención… Esto es muy simple, tenés que tratar de inclinarte
todo lo que puedas, hasta ponerte en posición horizontal…
-¿Qué
voy a lograr con eso?
-Confía
en mí, después te explico.
-¿Estás
segura?
-¿Tenés
algún otro plan?
-No.
-Entonces
estoy segura.
El
clavel comenzó a moverse.
-¡Vamos,
fuerza!… ¡Fuerza!… -le pidió la Margarita, ante la atenta mirada de las demás.
El
Clavel se esforzó más, la maceta se balanceó de un lado al otro, pero cuando
parecía que estaba por ceder y tocar suelo, retomó su movimiento pendular. Las
hojas de las demás plantas sudaban en silencio, todas querían ver qué pasaba,
cómo se resolvía esta situación. Tras un nuevo intento, la maceta volvió a tambalear
y terminó por quedar en forma horizontal.
-¡¿Ahora
qué?! ¡¿Cómo seguimos?!
-¡Así!
-la Margarita empujó al Clavel, quien rodó unos pocos centímetros hasta pasar
por debajo de la reja, que delimitaba el balcón. Nueve pisos después, la planta
se estrelló contra la vereda.
-Seguro
que ahora sí pudo disfrutar el aire libre como quería -dijo la Lobelia, todas
las demás rieron.
-Mucha
pasión, pero muy poco inteligente… Che, ¿alguien sabe qué clase de plantas
exóticas son las que vendrán? -preguntó la Margarita.
Debo confesar que la actuación de
mis chicas me dejó lleno de orgullo, resolvieron la situación de la mejor
manera, siendo mucho más prácticas de lo que yo hubiera sido… Como verán, han
crecido bien. Son cada vez más independientes, capaces de resolver sus propios
conflictos. Actúan de una forma más humana, evitan el sufrimiento de quien no
está conforme y a su vez, demuestran su propia voluntad, que cosas quieren y
hasta dónde pueden llegar por lograrlo… No tengo dudas, están evolucionando
hacia una etapa superior. Una etapa que la naturaleza hoy en día, lamentablemente,
no podría brindarles.